Foto: ACB.

Barcelona derrotó 94-93 al Real Madrid y sigue siendo el monarca de la Copa del Rey. ¿El partido? De los finales más emocionantes.

Madrid, 17 Feb. 2019.- ¡El Barça Lassa revalida el título copero tras una final de locura! Fue una película de intriga, una de esas series cargados de cliffhangers, de giros inesperados de guion, para construir un final indefinible, que desató la alegría blaugrana.

El cuadro de Pesic, el serbio lo volvió a hacer, ganó dos veces un partido no olvidará. Por ganar en dos ocasiones. Por vencer en casa del eterno rival. Por revalidar el título. Por la revancha de Tomic. Y, especialmente, por ser protagonista de dos hitos a la vez: una de las remontadas más grandes de la historia copera y uno de los finales -¿o acaso el que más?- más loco, explosivo e inenarrable jamás visto en esta competición. Así lo disfrutaron más.

Intercambio estéril

¿”Cómo lo hiciste, Oberto?”, parecía cuestionarse Campazzo nada más comenzar el partido. “¿Me cuentas el secreto?”, le hubiera preguntado Randolph a Kevin Magee si se hubiera cruzado con él en el desayuno. Y es que, en esa lluvia de tópicos y clichés que cualquier previa parece conllevar, un dato asustaba al local y animaba al visitante: solo aquel mítico CAI del 84 y el no menos carismático TAU de 2002 superaron aquello que alguien llamó la maldición del anfitrión. Una leyenda que esta noche es aún más grande.

Si no fue Oberto tuvo que ser Scola, pero a Facu tuvieron que susurrarle algo. Su inicio, explosivo, marcaba la senda blanca (7-5, m.3). Robo, asistencia, rebote, canasta, triple, en el ‘Mercado Campazzo’ había de todo. Pero en el Real Madrid, las estanterías, de momento, estaban más precarias, lo que aprovechó el Barça Lassa para adueñarse del encuentro con un sobresaliente Claver (7-14, m.5). El vigente campeón, consciente de que si el combate era a los puntos todo ese puñado de meigas, supersticiones y peso de supuestos gafes iba a jugar a su favor, no sufría por las embestidas de Randolph o Ayón. Si el primer cuarto va de mensajes, el de Heurtel sonó más que ninguno tras su canasta (16-20) sobre la bocina: esta Copa, nuevamente, era su Copa.

El equipo visitante, cada vez cómodo en ataque, se ponía con 7 de ventaja tras el triple de Kuric, si bien una de las acciones más espectaculares a su favor, el taponazo de Hanga a Tavares, acabó jugando en su contra. Walter, desaparecido hasta ese momento, se vengó pronto con otro gran gorro y una presencia omnipresente que niveló la situación. Más tarde, un triple de Llull culminaba el 8-0 para la remontada blanca (27-25, m.15) y abría una nueva fase de igualdad en la que el choque se quedó huérfano y sin dueño.

Los dos equipos más anotadores de la Liga Endesa, simplemente, no veían aro. Lo intentaba Pangos, respondía Ayón. Las tablas al descanso (35-35) parecían inevitables. Y es que si esos 20 minutos no hubieran existido, el partido no los hubiera echado en falta. La traca final se avecinaba.

Un 0-17 contra la catársis blanca

Por segunda ocasión, la maldición del anfitrión pareció esfumarse, esta vez de forma mucho más seria. Fue en el tercer cuarto, en una locura de minutos y de juego por parte del Real Madrid, que ejerció de campeón liguero y europeo al mismo tiempo para sacar a relucir su mejor versión.

Guiaba la nave Campazzo, eléctrico e incontenible. Randolph desde la esquina, Ayónponiendo cara de MVP y el público vibrando con su grito de guerra: “Enamorado de ti, desde que te conocí”. +7, +9, +11. Causeur pedía sitio y lo encontraba desde el 6,75, Rudyreclamaba su parte y también se iba con ella, como si hubiera tarta para todos, en plena catársis de un equipo que, en solo unos minutos, se sintió campeón (58-41, m.29) tras un 14-0 de parcial.

Con 15 puntos de desventaja nada más empezar el último cuarto (61-46), solamente el Barça Lassa se atrevió a desafiar un guion que parecía escrito. Fue Claver, inmenso, en uno de los partidos más maduros de su carrera, el que marcó el primer paso. El más arriesgado, el más valiente, el más difícil de dar. Su triple valió mucho menos que su celebración, mucho menos que su gesto de rabia. Él creía, él de verdad creía. Imposible que sus compañeros no se contagiaran.

De los siguientes dos minutos y medio se podría escribir un párrafo o se podría escribir un libro. Ocurrió de todo y, sin embargo, fue tan repentino, tan inesperado, que solo el paso del tiempo se atreverá a colocar ese momento en lo alto de las remontadas más rápidas de toda la historia del baloncesto español. Un triple de Oriola a continuación, un par más de Heurtel, un 2+1 con su firma y una nueva penetración del base francés. 61-63 (m.37). Así, sin anestesia. ¡0-17 en dos minutos y medio! Y un partido nuevo por escribir y por disfrutar.

El final más increíble

El corazón de Heurtel, ya no era ningún secreto, latía al mismo ritmo que en Gran Canaria 2018, el año en el que se vistió de MVP. Y el choque, absolutamente de frenopático, ese en el que los largos minutos de intercambio pesaban mucho menos que los cortos instantes de inspiración, pareció quedarse en sus manos tras su triple para el +4 (70-74) a dos minutos del final, gesticulando como jamás lo hizo con la elástica blaugrana de tantas ganas de vencer.

El tapón de Singleton a Campazzo y el tiro libre que falló el argentino en la siguiente jugada parecían el preámbulo del título barcelonista, pero Claver se dejó un tiro libre por el camino y le dejó a Llull la oportunidad de volver a ser héroe. Quedaban 4,3 segundos, que vienen a ser unas cuatro horas y media en clave Mahón, en las que le dio tiempo a suspenderse en el aire y volver a lanzar un lanzamiento icónico que besó la red mientras la bocina gritaba fin. 77-77. Habría prórroga. Y habría, como si cupiera una gota más, habría más locura.

El Barça Lassa marcaba el compás, sin que su rival se viniera abajo en mitad del carrusel de tiros libres. Randolph machacaba para cambiar la dinámica y Heurtel tenía que volver a ponerse la capa de héroe para apagar la alarma barcelonista a falta de minuto y medio. En la siguiente jugada, tras un tiro libre de PangosTomic sacó toda las ganas que le tiene al cuadro blanco desde su marcha del Real Madrid para firmar uno de los mates más importantes y simbólicos de su vida. Salvaje, repentino, un auto-regalo de cumpleaños que cobró más valor cuando Singleton acertaba desde la personal para el +5 visitante con 15 segundos por disputar.

La locura volvía a llamar al puerta. Campazzo anotó el triple y el Barça Lassa, intentando sorprender con contraataque, perdía la oportunidad tras un fallo de Singleton en el que los blaugrana reclamaron falta. Sin tiempo para pensar, Carroll tomó la bola, dibujó un coast-to-coast y anotó canasta más adicional, que anotó sin temblar. 93-92 a falta de 4 segundos, tiempo muerto, y Tomic, en mitad del júbilo local, reclamando su cuota de héroe en una jugada que ya es historia copera.

El croata recibió en la pintura, se revolvió y lanzó a aro pasado, con Randolph surgiendo de la nada para quedarse con el balón en sus manos. Su alegría fue efímera, el árbitro había señalado tapón inválido, manteniendo la decisión tras la consulta al Instant Replay, pese a las protestas del Real Madrid. Aún así,Llull rozó la canasta de su vida con un triple que a punto estuvo de llegar a su destino. Cuando el aro le rechazó, por fin, el Barça Lassa se sintió campeón. La 26ª de su trayectoria, la duodécima ACB, la tercera de Pesic y la primera en otro selecto ranking: su Copa más increíble.

Fuente: ACB.

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