Unión Atlética y otra pálida imagen

Unión Atlética y otra pálida imagen

Unión Atlética no logró el ascenso a la Liga Uruguaya de Basketball por cuarto año consecutivo, dejando una pálida imagen en un nuevo torneo metropolitano. 

 

El conjunto de Nuevo Malvín no atraviesa por un buen presente deportivo. Luego de descender de la LUB 2016/17, nunca más logró el tan ansiado ascenso, eso que ha tenido buenos planteles en cuanto a nombres propios. Este Metro 2020 no era la excepción. Sin ser los grandes favoritos a lograr uno de los dos ascensos, tenía varias figuras que prometían que iban a estar en la pelea. Quizás no lograr uno de los ascensos no transformaba el torneo en un fracaso automáticamente. Pero viendo como se dieron las cosas, su mala primera fase, su bajo rendimiento colectivo y su pronta despedida habiendo quedado del lado de la llave que no tenía a los grandes favoritos (Urupan, Cordón y Larre Borges), a  esta campaña si la podemos catalogar como un fracaso.

Unión cerró la primera fase en la sexta colocación con un record de seis victorias y la misma cantidad de partidos perdidos. Mientras que en playoffs se fue temprano, despidiéndose en el primer mata-mata ante Olivol Mundial, perdiendo la serie 2-1.

En cuanto a los rendimientos individuales son pocos los que se “salvan”. Manuel Mayora fue el mejor jugador que tuvo el equipo a lo largo del torneo. El base, sin ser una locura, fue el más regular y el que asumió en los momentos más críticos del equipo. El oriundo de Trouville terminó el torneo promediando 14.9 puntos, 5.9 rebotes y 4.8 asistencias por noche. Otro de los que se “salvan” es Sebastián Ottonello, quien 27.4 minutos por noche promedió 10.7 puntos y 8.4 rebotes, siendo titular en ocho de los diecisiete partidos. Martín Trelles está en la linea del medio, no tuvo su mejor campeonato, venía de ser campeón y figura en Miramar en El Metro 2019, por lo que se esperaba mucho más de él, sobre todo que asuma en algunos momentos importantes para el equipo. El escolta promedió 12.4 puntos, 3.5 rebotes y 3.2 asistencias por encuentro. El caso de Felipe Rodríguez es muy llamativo. El alero generación 2000 oriundo del club comenzó el torneo sin la confianza de su entrenador, quizás por ser “chico” y no contar con la experiencia de los demás. De todos modos cada vez tomó más protagonismo en el equipo, terminó siendo titular en los últimos 12 encuentros, promediando 23 minutos por encuentro. Su labor fue buena, en defensa entregó todo y en ataque tuvo sus partidos, con un rol secundario fue importante. Héctor Silva no tuvo un buen torneo. Aunque sin mucho protagonismo, en comparación a campeonatos anteriores donde destacó, el ala pivot terminó promediando 8.3 puntos y 4.2 rebotes en 19 minutos por encuentro. Para cerrar la lista de jugadores nacionales en la rotación, aparece Imanol Asaravicius. El alero tuvo un mal torneo. Promedió 7.7 puntos y 5.3 rebotes en 23 minutos por noche pero dejó un montón de dudas, además de haber cerrado su participación con un muy mal encuentro ante Olivol Mundial el pasado día sábado.

La UA tuvo dos extranjeros en El Metro 2020, Reque Newsome fue el señalado para ocupar uno de las dos fichas innominadas. El expediente interno nacionalizado uruguayo no colmó las expectativas y una discusión con su entrenador Fernando Cabrera en pleno partido, lo terminaron de alejar del equipo. Reque promedió 12.2 puntos y 5.9 rebotes en 9 partidos. Luego del corte de Newsomo, el indicado por la directiva para reemplazarlo fue Nick Waddell, quien jugó 6 partidos, en los que dejó promedios y 17 puntos y 5.8 rebotes. Si bien en ataque respondió, su falta de amor por ir a la lucha por los rebotes le pesó a su equipo. Quizás, esa responsabilidad pasa por quien eligió al extranjero, porque claramente no era lo que precisaba el equipo para dar un salto de calidad en la fase más importante del certamen.

Creo que lo peor del equipo pasó por su conducción técnica, por muchos aspectos. El rendimiento colectivo del equipo estuvo por debajo de lo esperado. Fernando Cabrera nunca pudo plasmar su idea de juego, más allá de lo que podía generar en defensa. Por varios momentos dependió únicamente de limitar a su rival. Es valido, hay dos costados de la cancha, en uno defendes y en el otro ofendes y tratas de sumar puntos. Pero bien, es muy complicado obtener resultados positivos si en ataque se genera tan poco, se ve tan poco respeto por los sistemas y más si no tenés ningún anotador puro a quien darle la pelota en los momentos donde el colectivo no funciona, más allá de Martín Trelles, quien además como mencionaba antes tuvo un torneo por debajo de lo que él puede dar.
Algo que era esperable conociendo la manera de dirigir del “hechicero” era la poca rotación del equipo y así fue. Cabrera jugó con siete jugadores y varios con una cantidad de minutos que llaman la atención. El caso más claro es el de Mayora, quien promedió 40 minutos por partido. Leíste bien, si. Salió poco y nada a lo largo del torneo, y el haber jugador algún alargue hace que llegue a mencionado promedio. Una verdadera locura. Más si tenemos en cuenta que tenía jugadores para darle descanso al base. Luciano Planells venía de disputar varios torneos metropolitanos anteriormente y de jugar Liga con Atenas a buen nivel. De todas formas y a pesar de haber tenido un par de buenos partidos al comienzo, salió de la rotación del “hechi”. Joaquín Dios, la joya que tiene la UA en su cantera había comenzado el torneo teniendo algunos minutos pero poco a poco fue desapareciendo. Federico Ambrosini otro de los pibes del club, ingresó en tres partidos y cuando lo hizo respondió, pero no fue suficiente para el entrenador. Además, estaba Federico Gómez en el plantel como ficha oriunda, pero únicamente jugó un partido ingresando poco más de un minuto. Una verdadera locura como acortó el plantel, aunque era esperable y con el diario del lunes no llama la atención. En su paso por Aguada, Cabrera manejó el mismo criterio. Tampoco le dio resultado.