Raúl Castro “El basketball es una escuela de vida”

Raúl Castro “El basketball es una escuela de vida”

Continuando con las entrevistas, DobleyFalta fue hasta Villa Argentina a visitar a Raúl Castro, uno de los fundadores de la murga Falta y Resto que supo mezclar sus dos pasiones, el carnaval y el basketball. En una entretenida charla al rayo del sol, habló de su carrera, su amor por Tabaré y nos contó grandes anécdotas.

“El Flaco”, como se lo conoce, empezó en juveniles de Sporing, “Había un pibe que vivía en la esquina de casa que me llevó a Sporting. Como era alto y flaco me invitó a practicar porque tenía 18 años pero a mi me gustaba más jugar al fútbol. Pero fui y quedé por la altura aunque no sabía nada. Tuve la suerte de que me agarró el rengo Vincent, un gran técnico que tuvo Sporting, que también me dirigió en Tabaré en mayores. Te enseñaba y te pegaba con el bastón si hacías mal el doble ritmo. Debuté en el Cilindro, tiré, no le pegué al aro y no fui más, ahí dije esto no es para mi y seguí jugando al futbol y estudiando“.

Pero en los veranos que pasaba en Solymar, volvió a tener la oportunidad de picar la naranja y la posibilidad de ir a Auriblanco, “Los veranos iba a Solymar que mi padre tenía una casita y jugaba en la cancha que había en el club y en el Country. Empecé a ir y aprendí en los veranos, se armaban lindos cuadros. Un día un pintor nos llevó a 4-5 a Auriblanco. Yo era de Pocitos y me encontré un hermoso lugar. Me enseñaron a jugar, primero porque cuarta y tercera era como meterse en un desfiladero de la lanza de Tarzán. Había que salir y pelear porque era así. No había mala intención, nadie te metía una apuñalada ni había nadie de falopa porque no había, capaz algo de alcohol pero era mágico. Jugué tres años y salimos campeones de cuarta y de tercera B, llegamos a la tercera A.”

Se mantiene la relación con el club de San Juan y Princivalle pero este año no pudo jugar con los veteranos aunque sigue guardando un gran recuerdo del Auri, “Ahora hay un grupo que se llama “Los pibes del Auri” que somos los veteranos de aquella época, que van miércoles y sábados a domar. Me invitaron pero me lastimé el brazo, con Antonio (hijo menor, 8 años) en bici y este año no pude ir pero para el que viene espero volver. La cosa es que sigo jugando, a partir de los 40 y pico me vinieron a buscar para jugar con los veteranos y anduve en varios equipos. De Auriblanco el mejor de los recuerdos, yo era un flaco escuálido y no sabía ni hacer el doble ritmo, hasta el día de hoy no se hacerlo con la izquierda. En nuestra época nos decían que no podíamos entrenar el físico, nos decían que nos sacaba el tiro pero cuando empezaron a venir los yankees te pegaban un culazo y te tiraban a la mierda. Si no hacemos pesas nos matan!”.

Luego de Auriblanco tuvo que salir a Europa por la situación social pero luego fue al club de sus amores, Tabaré, “Ahí se mezcló la situación social, yo tocaba en el Patria Libre con Lazzaroff y Jaime Roos. Me voy en el 75 y vuelvo al año y pico, un muchacho que era dentista que también iba a Solymar me lleva al club de mi barrio, a Tabaré. Yo era hincha, iba al carnaval, era como ir a Peñarol, en esa época había salido campeón cinco veces, les ganaba a todos. Poyet, Gomez, Marquez, Piñeira y Otero, ganaban cuando querían. Yo los vi, era impresionante“.

De ese gran equipo recuerda un clásico frente a Trouville, “Una vez contra Trouville, iban perdiendo por 17 tantos en el entretiempo, se corrió la voz de que había plata en manos de Tabaré. La gente apostó, yo estaba al lado del vestuario y entraron, le dijeron a Gómez “dale que está hecho”, entraron al segundo tiempo y ganaron por seis“.

Luego de que se fueran esas estrellas Tinta Brava tuvo su lugar, grandes recuerdos adentro y afuera de la cancha, en una cantina que lo formó como hombre, “La cosa es que se fueron todos estos monstruos y quedamos nosotros, Milton Larralde, yo, vuelve el Fonsi Nuñez de River argentino en el 76, el mono Vingola, Yayo Gonzalez. Hacíamos el stack, me cansé de hacer goles con todos los pases que me daban, jugando con los que saben era fácil. La yapa de Tabaré, que era única en Montevideo era la cantina. La cantina del club era la más hermosa, quiniela clandestina, sevelé, poker, era un garito familiar, llegabas a las cinco de la tarde y estaba el loco Vitrola, el cantinero, que nos crió a todos, nos hizo hombres. Como quedar con un amigo, que cosas hay que decir y cuando hay que pagar, en algún momento con la roja no se puede anotar más. Todos nosotros lo veíamos y teníamos una referencia que no se veía en todos lados“.

El Basket es lo más grande” fue una frase que repitió varias veces, también hacia el indio, “Tabaré es lo más grande. Aprendí a ganar y perder, sobretodo a perder. Ahí me dijeron y entendí que el basket es más lindo que el futbol, porque tenes la revancha cada tres días y no a la semana“.

Una vez lo sacaron en andas de la cancha, nada más ni nada menos que contra Trouville. El día de la entrevista era el cumpleaños de la madre y recordó una anécdota de ella, “Jugabamos contra Trouville, un clásico. Yo no era el mejor pero metía, enfrente de casa vivía Tosi que era el presidente del rojo, ellos tenían mejor cuadro, Wenzel, Izuibejeres, los Nin, Larriera, Caresani y dos americanos más grandes que yo. Nos toca jugar en nuestra cancha, clásico de barrio, empezó el partido en la vieja cancha abierta, parejo y faltando seis segundos ellos ganaban por un doble. El Coco Mendez nos junta, saca Raul y se la da a Malene, nuestro americano, aunque también estaba Larralde que ganó una enorme cantidad de partidos. Sacan, recibe el americano, tira, erra, le queda a Larralde pero también erra y el rebote lo agarra Raul entre los dos americanos, no me preguntes como, tiro y la pelota pega abajo del aro, me hacen foul pero la pelota trepa y entra. DobleyFalta y Castrito a la línea de sentencia. El Pepe Mendez (dueño de la sede de Miramar) me gritaba abajo del tablero, “Nenee tenes el fernet pago”, “Este es mi amigo, este no erra”. Me hizo reír y pude meter el libre para ganar. A Wenzel cuando fue a sacar lo agarraron del brazo, no lo dejaron y ganamos el partido. La única vez que me sacaron en andas de un partido. Al otro día, mi madre fue al almacen de Tosi, que estuvo toda la semana diciendo que nos iban a ganar, tocó timbre y pidió prestada una taza de azúcar y se fue.” Esa fue la famosa trepadora que tanto se habló tiempo después.

Como dijo, en Tabaré aprendió a ganar y a perder por lo que también nos contó de las otras, “Tabaré vs Aguada en nuestra cancha en primera en el 83. Faltan seis segundos, tenemos la pelota y sacamos de la mitad de la cancha ganando por dos. En el saque dénsela a Raul y que la aguante, empiezo a pivotear, me vienen a marcar y veo uno que corre de gris, se la tiro pero era el juez. Ellos sacan de vuelta, la agarra el negro Cansani, la mete de la mitad de la cancha, empataron y después ganaron en el alargue y yo me quería esconder“.

A la cantina de Tabaré la describió como única y la mejor por lo que no podíamos no irnos sin alguna historia, “En la cantina una noche estaba el negro Amadeo con una torcedura de tobillo. Habíamos ganado el partido, estábamos todos con un farol de whisky y en eso llega el técnico y le dice “Amadeo el hielo era para el tobillo no para la garganta”“.

No solo era basketball, también se mezclaba con su otra pasión, la murga y como en el Parque Battlle acordaron el precio de Brindis por Pierrot, “Con la Falta ensayábamos en Tabaré, ahí sucedió la anécdota de Brindis por Pierrot. El Canario Luna le preguntó a Jaime Roos como se llamaba el tema “Brindis por Pierrot” -NO- le insiste la pregunta… le digo Jaime te está pidiendo la de el… Canario decime lo que te parezca, “este tema se llama un casillero de cerveza y un lechón para fin de año. Tabaré tenía el carnaval más lindo de todos, se escuchaba divino, otra que el Solís, el Solís con pop acaramelado y choripán“.

Allí pasó 11 años de su carrera repartidos en dos etapas, hasta el día de hoy se sigue juntando con “Los Titulares”, “Tabaré es mi cuadro. Es lindo tener los amigos viejos del club, porque tenes códigos y recuerdos imborrables. Nos seguimos juntando con los “titulares”, Milton Larralde, Yayo Gonzalez, Pedro Quintero, Alejandro Hernandez y yo. Viene a comer acá y siempre hablamos de lo mismo, las mismas anécdotas, se pelean los mismos por lo mismo igual que en el vestuario. A Tabaré llegué joven y me fui hombre“.

Sigue vinculado al club y esperando por su nueva campera porque la anterior de tanto ir a los ensayos de La Falta ya tiene varias manchas, “Lo miro y lo sigo, me agarré una calentura porque al técnico (Sebastián Barbieri) lo recomendé yo y lo echaron. El año pasado no lo pude seguir mucho pero este año me preguntaron que lo conocía. Ahora están haciendo una gran obra social, Alejo Hernández y Nicolás May están dándolo vuelta, donde estaba la cantina ahora hay una gran sala buscando crecer desde lo social. Aunque hay una barra, de muchachos de mi edad, que están fuleros con lo que hicieron pero se adaptaron al momento, es otra la época. Hoy esa cantina no se podría abrir, sería ilegal, no podríamos fumar, tomar por manejar y los juegos que hacíamos“.

Siguiendo su carrera, fue a Neptuno dónde era otra la realidad y su amor por el indio le hizo volver, “En Tabaré jugué ocho años y me fui a Neptuno un año, estaba en el cilindro mirando un partido y vino Etchamendy. “Se fue Variso, ¿usted quiere darme una mano?, vaya al club que a mi me interesa”. Además era hincha de la Falta y eso ayudaba. Era la época dorada, el presidente nos esperaba después de la practica y nos llevaba a los cabaret. El cuadro que había era para estar para la joda, el negro Silvera, el sapo Silvera, Marcelito Signorelli, el tatu Gomez, todos modelos pubilictarios. Estabamos en la aduana, salíamos de ahí y era una joda barbara. En ese momento el club era una cosa espectacular, todos los 10 cobrabamos, teníamos piscina y demás pero yo soy hincha de Tabaré y extrañaba. Ahí no jugaba mucho, después fueron el Fefo Ruiz y el gato Perdomo, un cuadro para campeón. Yo sabía que en Tabaré jugaba y me vuelvo al otro año. La diferencia de plata era importante porque se cobraba tarde, mal y nunca pero no importaba. Eran otras posibilidades pero mira lo que es la vida y como está cada uno“.

Pero ese no fue su último año, luego fue a Colón, dónde ya estaba yendo para todos lados y un hincha le decretó el retiro de una manera curiosa, “Juego tres años más en Tabaré y en el 86 me viene a buscar Washington Poyet que era el técnico de Colón. Ahí fui pero ya estaba robando la plata, no iba a practicar, estaba con la Falta al mango con pila de laburo. Jugando contra Defensores de Maroñas hace la quinta falta y le cantan Brindis por Pierrot “se van como se han ido tantos” yo sabía que ese era mi último partido. Me doy vuelta y le digo al hincha, acabas de decretar mi retiro de las canchas. Años más tarde estaba hablando en la radio y el loco me llamó acordándose“.

Mezclar la murga y el basket, “Hacer ambas fue una magia. Recién ahora me doy cuenta lo hermoso que fue para agradecer. Se dio así porque yo seguí, no aflojé. Cuando jugaba en el Auri, el gallego Bermudez me decía, “déjate de hacer el Che Guevara y vení a practicar” y yo hacía lo que podía. Ningún DT me dijo que lo dejara de hacer porque no podían y porque siempre trataba de cumplir. Pero en Colón me di cuenta que estaba robando la plata, me querían arreglar un año más pero estaba saliendo con la murga para todos lados. El basket te enseña la diferencia de los barrios y la humildad de cada uno. Estando en Río de Janeiro, en el cristo, día de lluvia y todos esperando el ascensor para bajar,  uno de los guardias le dice a otro “Voy pal ñoba”, me acerco y le digo “Bo, vos sos de Palermo” paró las orejas y no podía creer porque hacía 20 años que estaba viviendo allá y efectivamente era de Palermo“.

El vestuario, compartir planteles, los símbolos, “Es la mejor inversión, la plata invertida en deporte. Lo que aprendes de basketball es una anécdota, aprendes lo humano, el vestuario. ¿Cuanto cuesta el vestuario como escuela? Los símbolos, no son nada pero son, el barrio, la familia, sentirse parte. Habría que relativizar la competencia, hay gente que se esconden atrás de los colores para pelarse porque les gusta pelearse. Buscan un lugar para hacerlo. El basketball es lo más grande que hay, es un ballet, un baile, cuidar los tiempos y los espacios, con que pie arranco, automatizarlo, y dejarte ir según las circunstancias del espectáculo“.

Saliendo un poco del basketball, en El Encunetro en el Estudio de la Falta y Resto dice que “La murga es una comedia musical política. Porque tiene que cantar, bailar, entretener pero también decir”, le preguntamos si creía que el periodismo es algo similar, “Yo no creo mucho en la objetividad de nadie, creo en la pelea hacia la objetividad porque todo el mundo ve las cosas según el color de su propio cristal, sus experiencias y demás. Si creo que debe haber honestidad. Porque si estás trabajando en un medio y hay un problema con el director, el tema de la ética muchas veces puede influir en tu opinión. Cuando lográs sobrevivir a pesar de la ética es lo mejor y no son todos los casos, en el periodismo, la murga y el resto de los ámbitos. Por poner un ejemplo, si tengo de sponsor a Coca Cola y hay conflicto en las fabricas, lo digo o no lo digo. Si lo digo está bien y si no lo digo está mal. Pero si no lo digo sacamos la murga a todo trapo y color. En el 84 la Falta canta la despedida de las Cañas del 1811. Van los milicos a buscarnos a la bajada del Tanque Sisley y me dicen con todo el jurado. “Castro lo felicito por la maravillosa actuación pero no pueden cantar la despedida. Si usted saca la despedida gana”. Dejeme hablar con los muchachos que decidimos entre todos. Lo planteo sabiendo cual va a ser la respuesta, fiel a la Falta la íbamos a cantar igual. Al otro día hablo con el Coronel y le digo que no hubo caso, fue por unanimidad. Me responde, “bueno entonces cámbiela de lugar” pero la despedida va al final, después en Anarquía (2007) la hicimos en el medio. Dejamos el espectáculo como estaba, el teatro fue una fiesta pero salimos séptimos con el honor alto. Mucho más lindo eso, que el premio. Como dice el Mono “Las copas se opacan y las medallas se oxidan” el cariño de la gente es indeleble. En el periodismo me imagino que es lo mismo, cada uno sabe donde le aprieta el zapato. Te cuento las ganadas, las perdidas que las cuente el otro. Todo tiene que ver como lo decís, hay un swing para las cosas. Lo difícil del periodismo para mi es desprenderse del propio yo, nosotros los murguistas no tenemos problema con eso, buscamos nuestra propia luz, el jugador lo mismo. El periodista cuando es bueno tiene que hacer foco, no ser el iluminado. Brillar por el brillo de su laburo, no es hacer las preguntas más atrevidas, lograr las respuestas más profundas. No se logran siendo ordinario ni agresivo, por el contrario, se logra seduciendo y haciendo que el entrevistado se sienta cómodo para expresarse“.

Para terminar le preguntamos que fue lo que más disfrutó, “Disfruté todo, el basketball es lo más hermoso que hay. Me gustaría haberselo heredado a mis hijos. El basketball es una escuela de vida, para mi fue todo positivo. Conoces la escencia del ser humano, en una cancha, en el plantel. Aprender a hacer banco, estar cuando te llaman, la importancia del equipo. El basketball lo que tiene de maravilloso es que es un juego de roles. No todos pueden anotar 40 puntos ni ir al rebote, cada uno tiene su función. Saber lo que tener que hacer, porque lo importante no sos vos, si no el equipo. Eso es espectacular, una gran enseñanza de vida, de comunidad“.

Una charla muy entretenida que vale la pena disfrutar completa, por eso también la podes escuchar acá. Solo resta agradecer al Flaco Raúl su tiempo y buena disposición, disfrutamos la tarde y como nos contó sus travesías en las canchas y fuera de ellas.